Fraude digital en evolución: cómo la banca en América Latina enfrenta una nueva generación de amenazas

En un entorno donde la digitalización financiera avanza a gran velocidad, también lo hacen los riesgos. La sofisticación del fraude en América Latina ya no es una proyección: es una realidad medible. Los datos más recientes evidencian un punto de inflexión para la industria bancaria, que hoy se enfrenta a un adversario más ágil, coordinado y tecnológicamente avanzado.

Un análisis basado en información de 36 instituciones financieras que atienden a más de 300 millones de usuarios en la región confirma esta transformación. Durante 2025, los intentos de estafa crecieron un 155%, impulsados principalmente por esquemas de ingeniería social cada vez más refinados. Este crecimiento no solo refleja volumen, sino una evolución en los métodos que obliga a replantear las estrategias tradicionales de seguridad.

La tendencia es clara: los atacantes están migrando hacia tácticas más complejas. El uso de herramientas de acceso remoto —que permiten a los delincuentes tomar control de dispositivos legítimos en tiempo real— se multiplicó por cinco. A esto se suma un incremento del 225% en ataques de malware y un alarmante 344% en fraudes originados desde dispositivos robados.

Estos indicadores no operan de forma aislada. En conjunto, configuran un ecosistema de amenazas donde el fraude deja de ser un evento puntual para convertirse en un proceso continuo, dinámico y adaptativo.

“Lo que estamos viendo en América Latina es una evolución predecible en los modus operandi del fraude en respuesta a las defensas que los bancos han implementado”, afirma Josué Martínez, director senior de asesoría global para América Latina en BioCatch. “Cuando los bancos fortalecen sus sistemas de autenticación, los delincuentes migran hacia la ingeniería social en tiempo real y el acceso remoto a los dispositivos de las víctimas”.

Del fraude reactivo a la inteligencia predictiva

Este cambio de paradigma marca un antes y un después en la forma en que las instituciones financieras deben abordar la seguridad. Ya no basta con autenticar credenciales o validar dispositivos: el foco está migrando hacia la comprensión del comportamiento del usuario.

En este contexto, la biometría conductual emerge como una de las respuestas más sólidas. A diferencia de los modelos tradicionales, que se basan en lo que el usuario sabe (contraseñas) o posee (dispositivos), esta tecnología analiza cómo interactúa una persona con su entorno digital: patrones de escritura, movimientos del mouse, gestos en pantallas táctiles, entre otros.

El valor de este enfoque radica en su capacidad para detectar anomalías en tiempo real, incluso cuando las credenciales han sido comprometidas. Es aquí donde soluciones como las de BioCatch marcan una diferencia estratégica, al procesar más de 3,000 variables de comportamiento por sesión para distinguir entre usuarios legítimos y posibles defraudadores.

Con presencia en más de 340 instituciones financieras a nivel global y análisis de aproximadamente 17 mil millones de sesiones mensuales, la compañía ha consolidado un modelo que no solo responde al fraude, sino que lo anticipa.

La amenaza silenciosa: toma de control de cuentas

Uno de los fenómenos más preocupantes es el aumento en los intentos de toma de control de cuentas (ATO, por sus siglas en inglés), que casi se triplicaron entre finales de 2024 y principios de 2026 en América Latina.

El caso de México resulta especialmente ilustrativo, con un incremento superior al 324%, evidenciando cómo los mercados con mayor adopción digital también se convierten en objetivos prioritarios para los atacantes.

Este tipo de fraude es particularmente complejo, ya que ocurre bajo la apariencia de un usuario legítimo. Los delincuentes no necesitan vulnerar sistemas, sino manipular a las personas para obtener acceso voluntario a sus credenciales o dispositivos.

Aquí es donde la ingeniería social alcanza su máxima expresión: llamadas en tiempo real, suplantación de identidad y tácticas psicológicas que explotan la confianza del usuario. En este escenario, la tecnología por sí sola no es suficiente; se requiere una combinación de analítica avanzada, educación del cliente y protocolos de respuesta ágiles.

Colaboración: el nuevo diferencial competitivo

Frente a un adversario que comparte información en tiempo real, la fragmentación del sistema financiero representa una vulnerabilidad crítica. La evidencia sugiere que la colaboración entre instituciones no es solo deseable, sino necesaria.

Un ejemplo relevante es la iniciativa BioCatch Trust en Argentina, la primera red en el continente americano —y segunda a nivel global— que permite el intercambio de inteligencia basada en comportamiento entre bancos en tiempo real.

Este modelo ha generado resultados tangibles. Mientras que la actividad de cuentas mula creció un 42% en la región, Argentina logró una reducción del 27%, demostrando que la cooperación estructural puede revertir tendencias adversas.

“En la prevención del fraude, nuestros rivales no son otros bancos. Nuestros rivales son los atacantes”, señala Sebastián Cafaro, Head de Prevención de Fraude en Banco Santander Argentina. Su afirmación resume uno de los mayores desafíos del sector: transformar la competencia en colaboración cuando se trata de seguridad.

Más allá de la tecnología: confianza como activo estratégico

En un entorno donde los ataques son cada vez más sofisticados, la confianza se convierte en un activo estratégico. No solo se trata de prevenir pérdidas financieras, sino de proteger la relación con el cliente.

Cada incidente de fraude impacta directamente en la percepción de seguridad, la lealtad y, en última instancia, el valor de la marca. Por ello, las instituciones financieras están llamadas a integrar la prevención del fraude dentro de su estrategia de negocio, y no como una función aislada.

La convergencia entre inteligencia artificial, analítica avanzada y colaboración interbancaria está redefiniendo el estándar de la industria. Aquellas organizaciones que logren anticiparse a las amenazas, en lugar de reaccionar a ellas, serán las que lideren en un mercado donde la confianza es el principal diferenciador.

Una agenda urgente para la banca en 2026

Los datos no dejan lugar a dudas: el fraude en América Latina está evolucionando más rápido que muchas de las defensas actuales. Esto exige una agenda clara para los líderes del sector financiero:

Adoptar modelos predictivos basados en comportamiento, que permitan detectar anomalías antes de que se materialicen en fraude.

Fortalecer la educación del usuario, reduciendo la efectividad de la ingeniería social.

Impulsar la colaboración interinstitucional, compartiendo inteligencia en tiempo real.

Integrar la seguridad como parte del diseño de la experiencia del cliente, y no como una barrera.

En este nuevo escenario, la pregunta no es si el fraude seguirá creciendo, sino qué tan preparadas están las instituciones para enfrentarlo.

La transformación ya está en marcha. Y en ella, la capacidad de anticipar, adaptarse y colaborar definirá a los verdaderos líderes del sistema financiero en América Latina.