Fortalecer el mercado desde la confianza
“La verdadera estabilidad no nace de quedarse quieto, sino de construir una institución mejor preparada para responder y liderar.”
Martha González
Con más de 25 años de trayectoria en sectores público y privado, Martha González ha construido un perfil poco común: combina visión estratégica, conocimiento institucional y una capacidad probada para articular agendas entre actores diversos. Su paso por el Ministerio de Producción, la Cámara de Comercio de Guayaquil y Cervecería Nacional le permitió entender el funcionamiento del ecosistema económico desde múltiples ángulos. Hoy, como Gerente General de la Bolsa de Valores de Guayaquil —siendo la primera mujer en liderarla en más de cinco décadas— impulsa una agenda centrada en modernización, transparencia y fortalecimiento del mercado de capitales como motor de desarrollo.
En un contexto donde el acceso a capital es más exigente, las tasas son sensibles y la confianza se vuelve un activo crítico, su liderazgo refleja una idea clara: no basta con operar bien, hay que construir instituciones capaces de sostener decisiones bajo presión. Su enfoque conecta disciplina financiera, innovación y gobernanza para posicionar al mercado de valores como una herramienta estratégica real para las empresas. Desde esta perspectiva, su gestión se alinea con una nueva forma de liderar en economía y finanzas: menos discurso, más estructura; menos promesa, más ejecución. Bajo esa lógica, esta conversación profundiza en cómo traducir incertidumbre en dirección.
¿Cómo ha logrado que su liderazgo al frente de la Bolsa de Valores de Guayaquil se traduzca simultáneamente en modernización institucional, crecimiento del mercado, confianza de emisores e inversionistas y sostenibilidad financiera?
Desde la Bolsa de Valores de Guayaquil hemos entendido que liderar una institución como esta no implica únicamente administrar una plataforma de negociación, sino fortalecer un ecosistema de confianza. Mi enfoque ha sido impulsar una modernización institucional con visión estratégica, donde la eficiencia operativa, la cercanía con los actores del mercado y la claridad del rol que cumple la Bolsa en el desarrollo económico del país vayan de la mano. En un entorno donde la volatilidad redefine prioridades, nuestro trabajo ha estado orientado a consolidar a la BVG como una institución más ágil, más conectada con las necesidades del mercado y más preparada para acompañar a las empresas en sus decisiones de financiamiento. Más que reaccionar al entorno, hemos trabajado en construir una institución con capacidad de anticipación, criterio técnico y sostenibilidad, entendiendo que la confianza del mercado se fortalece cuando una bolsa demuestra solidez institucional, visión de largo plazo y una relación cada vez más cercana con sus actores.
En su trayectoria entre sector público, gremial y corporativo, ¿qué situación reciente le exigió elegir entre estabilidad y transformación?
En momentos de alta incertidumbre, una de las decisiones más complejas es elegir entre conservar inercias que ofrecen aparente estabilidad o impulsar transformaciones que preparen mejor a la institución para el futuro. Mi convicción ha sido priorizar la transformación con responsabilidad. Hoy, operar bajo los supuestos del pasado ya no es una opción válida; el contexto exige estructuras más dinámicas, mayor capacidad de análisis y decisiones más estratégicas. En ese sentido, una de las prioridades ha sido fortalecer el rol de la Bolsa no solo como espacio de negociación, sino como articulador de confianza y desarrollo. Eso implica transformar procesos, lenguaje institucional y forma de relacionarnos con el mercado, sin perder estabilidad ni rigor. En escenarios como el actual, la verdadera estabilidad no nace de quedarse quieto, sino de construir una institución mejor preparada para responder y liderar.
En un entorno donde el acceso a capital se vuelve más selectivo, ¿qué estrategia ha impulsado?
Hoy más que nunca, el acceso a capital debe entenderse como una decisión estratégica. Desde la BVG hemos insistido en posicionar al mercado de valores como una fuente de financiamiento que ofrece estructura, transparencia y sostenibilidad. En un entorno donde cada inversión debe justificarse por sí misma, el mercado favorece a las organizaciones que tienen claridad financiera, visión de largo plazo y capacidad de comunicar con transparencia su propuesta de valor. Nuestra estrategia ha sido acercar a más empresas al mercado desde una lógica de preparación, fortalecimiento institucional y comprensión del valor que tiene financiarse con estándares más robustos. Las empresas que priorizan gobernanza, disciplina financiera y claridad estratégica no solo acceden a financiamiento, sino que lo hacen en mejores condiciones.
¿Qué procesos ha implementado para mejorar productividad?
La productividad institucional no depende únicamente de hacer más, sino de tomar mejores decisiones con mejor información. Hemos promovido una cultura donde la información financiera y operativa se convierte en una herramienta de dirección, con indicadores claros, seguimiento oportuno y una visión de gestión mucho más orientada a prioridades. En un entorno donde el margen de error es cada vez menor, contar con información oportuna, lectura estratégica y capacidad de respuesta se vuelve indispensable. Mi visión ha sido consolidar una organización que no opere por inercia, sino con foco, con tiempos de respuesta más eficientes y con mayor alineación entre la operación diaria y los objetivos institucionales de largo plazo.
En un contexto de tasas variables, ¿qué decisiones son clave?
La disciplina financiera se vuelve esencial. Proteger la caja, priorizar inversiones estratégicas y fortalecer la calidad de la información financiera son decisiones clave en un contexto donde el costo del dinero es más alto y la liquidez exige mucha más precisión. Durante años, el financiamiento permitió sostener decisiones imperfectas; hoy eso ya no ocurre. Cada paso debe estar respaldado por análisis, estructura y visión. Desde el mercado de valores, esto también implica promover una cultura donde la transparencia, la gobernanza y la preparación financiera permitan construir un mercado más profundo, con más confianza y mejores condiciones para emisores e inversionistas. El crecimiento del mercado no depende solo del volumen, sino también de la calidad de sus participantes y de la solidez con la que se integran al sistema.
¿Qué riesgos observa hoy para el mercado de capitales?
El principal riesgo es asumir que la volatilidad es transitoria y que basta con esperar a que el entorno se normalice. Hoy enfrentamos riesgos macroeconómicos, regulatorios y de confianza que exigen una gestión mucho más activa. Las tensiones geopolíticas, la presión sobre los mercados energéticos, la sensibilidad de las tasas y una economía global que sigue reconfigurándose ya no son factores lejanos; están afectando directamente decisiones empresariales, apetito de inversión y acceso a capital. A eso se suma un desafío regional importante: todavía necesitamos construir mayor profundidad de mercado, mayor cultura financiera y más confianza en mecanismos de financiamiento distintos a los tradicionales. Desde mi experiencia, el riesgo no está solo en la coyuntura, sino en no desarrollar la capacidad institucional para leerla y responder con agilidad.
Frente a ello, considero fundamental fortalecer la calidad de la información, impulsar marcos regulatorios que acompañen el crecimiento sin restar competitividad y generar mayor certeza para emisores e inversionistas. Gestionar riesgos no significa frenar el desarrollo, sino hacerlo más sostenible. Cuando el mercado cuenta con reglas claras, instituciones sólidas y actores que comprenden el valor de la transparencia, se vuelve mucho más resiliente. En la región, el gran desafío es avanzar hacia mercados de capitales más confiables, más conectados con la economía real y con capacidad de convertirse en una verdadera herramienta de crecimiento.
¿Qué iniciativas de innovación ha promovido?
La transformación del sistema financiero hoy pasa, inevitablemente, por tecnología, data y capacidad analítica. En la BVG hemos impulsado una visión donde la modernización no es un elemento accesorio, sino una condición para elevar la eficiencia, mejorar la transparencia y fortalecer la confianza del mercado. Hoy la diferencia entre una institución que simplemente opera y una que realmente lidera está en su capacidad de convertir información en decisiones. Por eso, promover una cultura orientada a datos y a lectura estratégica del entorno ha sido una prioridad: cuando se cuenta con indicadores claros, información oportuna y una gestión más inteligente, las decisiones dejan de ser reactivas y pasan a ser mucho más precisas.
Esta evolución también es importante porque habilita un mercado más cercano a las nuevas exigencias de emisores e inversionistas. La innovación no debe entenderse únicamente como digitalización de procesos, sino como la capacidad de construir una infraestructura institucional más ágil, más transparente y más útil para el mercado. En un entorno donde la confianza se gana también con trazabilidad, claridad y rapidez, la tecnología se convierte en un habilitador estratégico. Hacia el 2026, los mercados que logren combinar innovación, disciplina y transparencia serán los que marquen la pauta.

¿Qué prácticas de liderazgo utiliza para generar confianza?
La confianza no se construye únicamente con resultados; se construye con consistencia, claridad y capacidad de diálogo. A lo largo de mi trayectoria he procurado ejercer un liderazgo que conecte lo técnico con lo institucional, entendiendo que en espacios donde conviven intereses diversos, el criterio, la transparencia y la credibilidad son determinantes. Para mí, liderar implica escuchar con amplitud, comunicar con claridad y sostener posiciones con responsabilidad, especialmente cuando las decisiones tienen impacto sobre actores que necesitan certidumbre. En sectores como el financiero y bursátil, la reputación institucional se fortalece cuando existe coherencia entre lo que se dice, lo que se hace y la visión que se proyecta hacia el mercado.
Hoy, el liderazgo financiero ya no puede ser una función aislada; está en el centro de la conversación estratégica porque conecta la operación con el mercado, traduce el entorno en decisiones y permite anticipar riesgos y oportunidades. En la BVG hemos trabajado para consolidar una cultura basada en esa lógica: una visión de largo plazo, una relación cercana con los actores del ecosistema y un compromiso sostenido con la transparencia y la gobernanza. Cuando esa cultura se mantiene en el tiempo, deja de ser una práctica de gestión y empieza a convertirse en legado. Ese, precisamente, es uno de los mayores objetivos de cualquier liderazgo institucional: dejar una estructura más sólida, más confiable y mejor preparada para el futuro.
Factores clave
- La confianza como eje del mercado: instituciones sólidas + transparencia + cercanía con actores.
- Acceso a capital como decisión estratégica, no operativa.
- Disciplina financiera: proteger caja, priorizar inversiones y mejorar calidad de información.
- Tecnología y data como habilitadores de decisiones más precisas y mercados más eficientes.
El liderazgo de Martha González pone en evidencia que el verdadero valor del mercado de capitales no está solo en el volumen que moviliza, sino en la calidad institucional que construye. Su enfoque conecta disciplina financiera, tecnología y gobernanza para transformar la confianza en un activo tangible del sistema económico. Más allá de los resultados, su legado se mide en la capacidad de dejar una estructura más transparente, resiliente y alineada con el desarrollo del país. Hacia adelante, el reto no será evitar la volatilidad, sino liderarla con criterio, estructura y visión sostenida.