¿Cómo invierte nuestro cerebro?

Nuestro cerebro es una masa de 2 kilos y 70% de agua que forma parte del sistema nervioso central. Es la torre de control que reacciona ante todos los movimientos externos, y prepara al cuerpo para preservar la vida. Cada vez que tomas una decisión de dinero, tu cerebro funciona como si estuviese en medio de la jungla, cazando para comer o siendo perseguido por un animal. Aquí aprenderás cómo tu cerebro se puede equivocar al invertir y qué hacer para evitarlo.
Este cerebro, que a su vez es una de las estructuras más complejas del universo, se divide en dos hemisferios y 4 lóbulos: Occipital (reconocimiento visual), Temporal (reconocimiento de sonidos y lenguajes), Parietal (movimiento, orientación y cálculo), y Frontal (planificación, aprendizaje y reconocimiento de las emociones).
Como ves, sólo una pequeña parte del cerebro es la que maneja lo “racional”, mientras que el resto es un sistema de respuesta automática. El lóbulo frontal está ubicada en el entrecejo y logra estar maduro en el humano entre los 17 y 20 años de vida (de ahí que muchos jóvenes no midan las consecuencias de lo que hacen). Las decisiones se llevan a cabo calibrando 2 sistemas: el de recompensa (el placer de ganar) y el de aversión (el miedo de perder). Veamos qué son y cómo funcionan.

El placer de ganar
Son las estructuras cerebrales que segregan dopamina y permiten al individuo sentirse optimista, motivado y hasta eufórico. Este sistema preparaba a nuestros ancestros para salir a cazar cuando estaban hambrientos. Hoy nos permite comprar un producto nuevo, invertir en la bolsa y vivir experiencias novedosas.
Pero es aquí donde se genera la mayor parte de las decisiones erradas de dinero.

Los especialistas de neuromarketing saben muy bien que un cerebro emocionado ante la recompensa de algo, abre una billetera jugosa. Y la emoción registrada no necesariamente es por ese “algo”, sino por lo que creemos que ese “algo” nos va dar. Saber diferenciar esto es vital para decidir dónde poner nuestro dinero.

 

 

La próxima vez que estés muy emocionado acerca de una inversión, llama a un amigo escéptico y pregúntale su punto de vista. Eso ayudará a calibrar tu decisión.

 

El dolor de perder
Este sistema se genera a partir de la interacción de tres áreas cerebrales: La amígdala, la ínsula y el hipotálamo. Estas áreas eran las encargadas de preparar a nuestros ancestros para salir corriendo o atacar al animal hambriento que nos quería matar. Hoy día, es el sistema que nos cuida de cometer errores innecesarios y nos ayuda a ser precavidos (aunque a veces nos impide crecer o cambiar). No hay tests que te diga cuán arriesgado eres al invertir. Sólo lo sabes cuando la situación está presente, se activa el sistema y tomas decisiones. Por ello, debes conocer tu capacidad para decidir en medio de situaciones dolorosas (gestión de la ínsula) aprender a través de las memorias emocionales (gestión de la amígdala). La próxima vez que estés frente a una oportunidad de inversión, revisa el peor escenario y el potencial de pérdida. Ahí sabrás si estás listo para invertir.
Cada cabeza es un mundo, cada cerebro es un universo. Conócete. ■

 

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¿Cómo invierte nuestro cerebro?